El lenguaje de las flores

Comunicarse con flores

La denominada época Victoriana comprende un período de la historia de Gran Bretaña entre los años 1837 y 1901 durante el cual gobernó la Reina Victoria, de allí su nombre.

Esta era marcó la historia de Inglaterra debido a su gran crecimiento económico y tecnológico (es durante este período que se sucede la Revolución Industrial) que determinó su consolidación en la región.

Se produjo un importante movimiento de masas desde el campo hacia las grandes ciudades que comenzaron a cambiar su fisonomía. La sociedad se caracterizaba por un moralismo extremo. Los hombres tenían casi la exclusividad del ámbito público en tanto que para las mujeres el lugar que les tocaba era en la privacidad del hogar, al cuidado de la casa y de los hijos. Estaba muy mal visto el contacto entre géneros y existían importantes represalias sociales y religiosas al respecto.

Con tanto pruritos morales y sociales, cómo hacían los jóvenes de la época para cortejarse?

En este contexto es como surge un lenguaje secreto que quedara al reparo de los ojos de la población en general.

Allí surge el idioma de las flores.

Las distintas flores y plantas encerraban un significado oculto a los ojos de la mayoría pero muy claro para los amantes quienes contaban con éste como el único medio para poder comunicarse sin ser juzgados.

Es así como en lugar de cartas de amor lo que iba y venía eran arreglos florales…

Cuando un enamorado quería declarar su amor apasionado a una dama lo hacía por medio de unas ramas de Santa Rita, Mirto o Rosas color rojo; unas Clavelinas eran suficientes para demostrar el amor puro; y un ramo de Rosas amarillas o Farolito chino, para repudiar al engaño. Las Glicinas eran utilizadas para dar la bienvenida a un recién llegado y los Gladiolos para los corazones rotos. El Junquillo incentivaba el deseo en las parejas que ya no lo sentían y el Jazmín de Madagascar ayudaba a que los matrimonios felices continúen siéndolo.

Los Áster adornaban las despedidas y si alguien quería desearle buena salud y buena vida a un enfermo recurría al encanto de las Salvias.

Las Freesias simbolizaban la amistad duradera y los helechos, la sinceridad.

Aunque estos idilios entre amantes, amigos y familiares contenían muchos mensajes de afecto y cordialidad; el diccionario no se acaba ahí… Cuando una mujer ofuscada por el acoso de un pretendiente -al cual no deseaba- quería dejar en claro su desinterés por el galán le hacía llegar un ramito de Azaleas con el claro mensaje (al menos en aquella época) de que mantuviera distancia o se atuviera a las consecuencias. Si una dama había regalado una sonrisa por obligación mas sin sentirla, era el Azarero con el aroma dulzón de sus flores el encargado de informar que esa sonrisa habría sido fingida. La Peonía era la flor por excelencia a la hora de demostrar la ira y la flor del Manzano, el mal humor.

El caso del Laurel podía prestar a confusiones dado que simbolizaba tanto la gloria y el éxito como también el recado de que estamos dispuestos a cambiar… una vez muertos! Así que, en los casos en que la intención era dar el segundo mensaje, era necesario acompañar el ramo con una combinación de Hortensias, por ejemplo (apatía).

No sólo las flores servían para dar mensajes o un poco de apoyo en la adversidad. Un tecito de Jengibre y Clavo de olor era una buena compañía para quien debiera recibir un poco de aliento por ese amor secreto que no se podría concretar o unas hojitas de Cilantro picado en las comidas para los que necesitaban un empujoncito y valor.

Para cuidar a alguien de los excesos, un vaso de leche con Azafrán.

Y así siguen los mensajes culinarios: unos bocaditos de Avellanas eran ideales para festejar una reconciliación y un budín de Arándanos (cura las penas), para paliar los efectos de haber recibido un ramo de Anémonas (abandono).

En estas mesas acompañar con un arreglo floral de Liatris spicata era un empujoncito a volver a intentarlo.

Disfrutar del Musgo que crece en los rincones húmedos de las casas de las abuelas nos hace sentir el calor de ese amor materno incondicional y para un jardín femenino no han de faltar los Hemerocallis o Ipomeas (coquetería).

Pero mucho cuidado si en la huerta plantamos Albahaca (odio) o unas matas de Lechuga (frialdad), más vale que las tengan para cortarlas y comerlas en lugar de ornamentar.

Espero que esta nota les haya gustado y me despido con un ramito de Cosmos y Coreopsis (gozo por la vida y siempre alegres)!



Andrea Piperata Paisajismo

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